Fundamentos de la física estoica: hyle y logos

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Los estoicos desarrollaron una teoría materialista, corporeísta o pansomatista (lo único incorpóreo es el vacío que rodea al mundo, el lugar, el tiempo y los significados) y panteísta de influencia heraclídea, aunque con muchos elementos pitagóricos, platónicos y aristotélicos. Todos los cuerpos (incluidos el logos y el alma, que también son de tipo corporal) están hechos de dos principios inseparables:

a) Principio activo: Logos, Dios, razón divina, principio motor y fuego, fuerza que actúa sobre la materia. 
El pneuma: Hálito o soplo, (en latín spiritus y que pasó a designar la noción de espíritu) y que dota de animación a la materia. 
Es corpóreo pero no material.
b) Principio pasivo: Hyle, la materia inerte y sin cualidad, el sustrato.   
Materia y pneuma, son concebidos como cuerpos. El fuego es logos, razón divina y principio vital que forma el pneuma o sustancia sutil que lo interpenetra todo. Dios es principio activo que actúa dando cohesión al conjunto, y contiene en sí las semillas inteligibles o logoi spermatikoi (de la raíz sper, que significa difundir o derramar) que intervienen en la forma y desarrollo de todas las cosas. Todo cuanto existe, ha existido o existirá, está contenido en dichas semillas, de forma que la realidad es un despliegue determinista de las potencialidades contenidas en ellas. De esta manera, un único logos universal, físicamente constituido por el fuego, contiene en sí todas las formas de las cosas. Un precedente de la concepción estoica (cuya vinculación con el fuego recuerda los elementos del mito de Prometeo), se halla en la panspermia de Anaxágoras, para quien en todo hay semillas de todo. Este concepto pasará al neoplatonismo. Agustín de Hipona lo denominará rationes seminales.


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