Estoicismo y Cristianismo

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En décadas recientes una persona podría considerarse competente, en el sentido filosófico, con solo saber las ideas generales de los Pre-Socráticos, Platón o Aristóteles. Conocer la filosofía Helénica del Estoicismo, Epicúreos, etc., y las tradiciones Romanas no era considerado esencial. Estas tradiciones fueron lo suficientemente fuertes para levantar a la filosofía antigua en su decline. Esto no refleja la inmensa influencia Estoica del mundo Occidental. En primer lugar, una reconocida escuela Estoica persistió por más de quinientos años. Mientras difería del Cristianismo en aspectos fundamentales; éste se definió en un ambiente intelectual mayormente lleno con las ideas Estoicas del Logos. Más adelante, para la historia Occidental, las ideas Estoicas brindaron una base para luego poder formular las leyes naturales. La concepción de Kant sobre el eminente valor de la buena intención y la indiferencia moral a situaciones externas, muestran la influencia del Estoicismo. Además la concepción sobre la acción contra la pasión en Spinoza refleja también los conceptos Estoicos. La noción de virtud como pieza de el orden racional de las cosas sugiere la idea Cristiana de conformar la voluntad propia con la providencia divina. La influencia del Estoicismo en los pensamientos subsecuentes del mundo Occidental sobre ética y religión testifican a su continua importancia.

EI dios de los estoicos, naturalmente material, era una especie de alma del mundo; pero un alma helada, que ni amaba ni era amada. Así afirmaban: Si tenemos razón, ¿acaso nosotros tenemos que hacer, en público o en privado, algo más que cantar himnos a la divinidad, alabarla y admirar sus dones? (Epicteto, Disertaciones, I, 16, 15 sigs.). Encerrado en la materia, el estoico es pesimista por principio. Con la muerte, los elementos del hombre se disuelven, retornando al gran todo; el estoico, ignorante de lo que le espera en el más allá, acelera con el suicidio la propia disolución. Los discípulos de Zenón tuvieron bastante fama, sobre todo entre los romanos, por su lado práctico. Los romanos, poco conmovidos por las especulaciones de Platón sobre las ideas eternas, demasiado vagas para ellos, y poco satisfechos con las consideraciones abstractas de Aristóteles sobre el acto puro, se sentían más bien dispuestos a resolver prácticamente el enigma de la vida. La filosofía estoica se presentaba como medicina saludable para el alma, que debía ser liberada de todos sus males que le torturaban: de aquí el esfuerzo constante para alcanzar la impasividad, que eleva al sabio verdadero sobre los turbios azares de la vida, pero que es fruto de reiteradas victorias sobre las pasiones. Moral ésta que en teoría, parecía casi sublime, como las ideas eternas de Platón; pero que, llevada a la práctica, co-rría el riesgo de dejar tan insatisfecho como aquellas ideas. No cabe duda que los sentimientos humanitarios del estoicismo contribuyeron ciertamente a mejorar un tanto la sociedad antigua, sobre todo mitigando las leyes sobre la esclavitud; pero examinada de cerca, toda la construcción estoica parece hoy un castillo levantado en el aire, o un códice de leyes que jamás ha sido promulgado. Al castillo le faltan los cimientos de Dios. Muchas veces se ha acercado el estoicismo al cristianismo, sobre todo por el carácter cristiano que aparece en algunas páginas de Zenón de Citio y de Séneca; incluso llegó a sospecharse una influencia directa, que habría sido ejercida por San Pablo sobre su contemporáneo Séneca. Pero quien no se detenga en las apariencias y busque el alma de las cosas hallará, bajo la semejanza exterior, una divergencia espiritual profundísima.

Incluso existen ciertas comparaciones por demás disímiles entre Jesucristo y el filósofo estoico Zenón, a quién se lo consideraba una persona con cualidades personales excepcionales. (Para más información ver el Apartado de Terapeútica Estoica)


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